Fue un capricho, sin más. Entré en una librería escondida en
un callejón invisible y entre cientos de destellos había un libro que no
brillaba. La portada tenía encanto por lo extraña que era. Quién me iba a decir
a mí que lo de dentro sería más extraño todavía.
Había oído hablar de
China Miéville alguna vez, sobre todo por su trilogía del Bas-Lag, pero nunca
había caído entre mis manos un libro suyo. Reconozco que lo compré sin tener ni
idea del argumento, en uno de estos arrebatos que tanto me hacen disfrutar, y
no puedo estar más satisfecho de ello.
El libro habla de París, claro, pero de un París Nuevo y
surrealista. No empleo la palabra surrealista por capricho, lo hago en el
sentido más artístico de su significado. En esta Nueva ciudad, ambientada en
los años 40 y principios de los 50, hay un conflicto interminable entre el
ejército invasor nazi, la resistencia francesa y el surrealismo. Porque el
surrealismo está vivo y esto significa una ciudad plagada de visiones alucinógenas
de pesadilla y sueños reconvertidos en realidades imposibles (o no), que tienen
vida y consciencia propia. En esta Nueva París, transcurre la historia de Thibaut,
nuestro protagonista: un miembro de la resistencia y de su encarnizada lucha
por sobrevivir. Pero la trama principal no creo que sea esta. Las entrelíneas
nos hablan de un conflicto más universal aún en el mundo del arte. La guerra
entre los que tienen imaginación, los que necesitan copiarla y los que quieren
destruirla. La libertad absoluta contra el control de masas.
Los últimos días de Nueva París es un ejercicio de
imaginación sin precedentes para mí. Cada frase tiene el poder de dejarte completamente
desconcertado. La mezcla de personajes históricos, cuadros y textos
surrealistas e imaginación es tan portentosa que muchas veces la cabeza se
niega a aceptar lo que está leyendo. Es tal el poder evocador que tienen las
palabras de Miéville, que tienes que leer las frases varias veces para asimilar
la imagen que acaba de aparecer en tu mente. Supongo que este juego es peligroso
porque más de una persona puede tener la sensación al terminar el libro de que
le acaban de tomar el pelo... Para mí fue al contrario, me reactivó por dentro
y creo que desde entonces mi creatividad ha subido varios peldaños al darme
cuenta por fin de que en la literatura la imaginación es el único límite.
Todo esto no significa que sea un libro sencillo. Es más, me
costó entrar en él porque, literalmente, no entendía nada, pero cuando consigues
superar ese bache inicial el premio es inmejorable. Al final desearías estar
ahí, ver con tus ojos esas creaciones inverosímiles, ser parte de esa ciudad
encantada, encantadora y aterradora, y pasear por sus calles imposibles mientras
el arte cobra vida frente a tus ojos. Los últimos días de Nueva París es un
libro mágico, una delicatessen de 200
páginas que, pese a no ser perfecta, tiene la virtud de no ser igual a ninguna
otra.
Yo solo te voy a asegurar una cosa: este libro no te va a
dejar indiferente y eso es más de lo que se puede decir del 90% de las novelas.
Gracias por leerme y espero que la disfrutes.

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