Fue un capricho, sin más. Entré en una librería escondida en un callejón invisible y entre cientos de destellos había un libro que no brillaba. La portada tenía encanto por lo extraña que era. Quién me iba a decir a mí que lo de dentro sería más extraño todavía. Había oído hablar de China Miéville alguna vez, sobre todo por su trilogía del Bas-Lag , pero nunca había caído entre mis manos un libro suyo. Reconozco que lo compré sin tener ni idea del argumento, en uno de estos arrebatos que tanto me hacen disfrutar, y no puedo estar más satisfecho de ello. El libro habla de París, claro, pero de un París Nuevo y surrealista . No empleo la palabra surrealista por capricho, lo hago en el sentido más artístico de su significado. En esta Nueva ciudad, ambientada en los años 40 y principios de los 50, hay un conflicto interminable entre el ejército invasor nazi, la resistencia francesa y el surrealismo. Porque el surrealismo está vivo y esto significa una ciudad plagada d...