Hace no mucho tiempo descubrí por
casualidad un podcast que ahora se ha convertido para mí en referencia
ineludible en todo cuanto tiene que ver con la literatura de género.
Los Verdhugos hablan de literatura, pero lo hacen de una forma tan pasional y meticulosa que te generan la sensación de estar escuchando a gurús de la fantasía y la ciencia ficción.
Los Verdhugos hablan de literatura, pero lo hacen de una forma tan pasional y meticulosa que te generan la sensación de estar escuchando a gurús de la fantasía y la ciencia ficción.
En ese primer programa que yo
escuché, nombraron varias veces una novela que parecía haberles gustado a todos.
Se trataba de The Fifth Season, de
N.K. Jemisin. Después descubrí que esta novela había ganado el premio Hugo y
que, además, había sido publicada por editorial Nova en castellano con
traducción de David Tejera. Ni corto ni perezoso, me acerqué a mi librería
habitual y me hice con el ejemplar deseoso de comprobar si era una tan buena novela
como todos decían. Ahora que faltan pocos días para que Nova publique la
segunda parte de la trilogía de La tierra
fragmentada (El portal de los obeliscos), me he decidido a escribir la
reseña.
La autora nos introduce de lleno,
y sin miramientos, en un mundo fantástico donde ciertos individuos, llamados orógenes, tienen la capacidad de
controlar la energía de la tierra. Es por ello que pueden influir en los
movimientos tectónicos que se producen en su zona de influencia, ya sea para
prevenir los terremotos o en el peor de los casos para provocarlos. En este
punto es fundamental reconocer el maravilloso trabajo de creación de mundo (mi
odiado workbuilding) realizado por la
autora.
Estos individuos tienen la
capacidad de arrasar pueblos enteros si en algún momento pierden el control de
sus poderes. Por ello son buscados, entrenados y vigilados de una forma un
tanto especial. La autora aprovecha este hecho para introducir temas tan
complicados como el racismo que dotan a la trama de una sensación de segregación
brutal y de continua lucha contra el órden establecido.
La historia se desarrolla en
varias subtramas que acaban confluyendo ya para el final de la novela. Para ello
la autora utiliza varios narradores distintos. A mí este hecho al principio me
desconcertó y reconozco que en algunos momentos me hizo sentir un poco en fuera
de juego. Tampoco ayudó que me soltaran sin guías en un mundo así de extraño y
es que La Quinta Estación requiere de
un esfuerzo importante por parte del lector en sus primeros compases. Después,
cuando todo te suena más o menos, es mucho más fácil disfrutar de la historia
si perdonas el hecho de que muchos de los misterios se queden sin resolver en
este primer volumen.
Cuando terminé de leerlo,
recuerdo que tenía una sensación agridulce. Me había gustado, sobre todo por su
originalidad y el mundo increíble que se nos presenta, pero no estaba yo del
todo convenido. Quizá esperaba demasiado. Puede que lo pillara con muchas ganas
y me encontrara frente a un muro que no me veía capacitado para salvar de un
solo salto… no lo sé. No quiero decir con esto que no sea un buen libro, todo
lo contrario, digo que a mí particularmente me dejó una sensación de vacío que soy
capaz de explicar.
¿Recomendaría este libro? Sí, sin
duda. Es original, fresco y diferente. ¿Voy a leer la segunda parte? Pues seguramente,
aunque no me muero de ganas.
Entiendo que esta reseña, encima
la primera que publico en el blog, no os haya servido de mucho. Lo siento si es
así, pero La Quinta Estación es una de esas novelas que tienes que explorar por
ti mismo.

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